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Universidad
Central de Venezuela,
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Durante
el S. XVIII, Venezuela, en su condición de colonia de segundo
orden donde no se extraía oro ni plata, en diferentes aspectos
estuvo supeditada a los virreinatos de Santo Domingo, Santa Fe
de Bogotá y México, no contaba con una universidad.
Para optar a los respectivos grados universitarios, los estudiantes
tenían que viajar a los virreinatos mencionados. Los viajes,
para la época, constituía una verdadera proeza y
altos costos para los aspirantes, de allí que la enseñanza
universitaria estaba reservada para las familias pudientes. Las
gestiones realizadas por el Rector del Seminario Francisco Martínez
de Porras y los vecinos de Caracas ante la corte de Madrid, trajeron
como resultado que el 22 de Diciembre 1721, Felipe V de España
emitió en Lerna una Real Cédula que concedía
al Colegio Seminario la facultad y licencia para otorgar grados
universitarios. |
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A partir de esa Real Cédula
el Seminario de Santa Rosa de Lima se transformó en la
Universidad Real y Pontificia de Caracas. En un principio esta
institución funcionó exclusivamente para una élite
que defendía los fueros y regalías del Rey y velaba
por la pureza de la Religión Católica, bajo la rígida
corriente escolástica. En sus inicios formó teólogos,
canonistas, juristas y médicos. (2) .
La Universidad Real y Pontificia
de Caracas, hasta 1810, fue la única universidad en el
país. En ese mismo año, en la Ciudad de Mérida,
el Seminario de San Buena Ventura, erigido por el obispo Fray
Juan Ramos de Lora en 1785, se transformó en la Universidad
de Los Andes |
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Para optar al ingreso
de la Universidad Real y Pontificia de Caracas, había que
demostrar que era "persona blanca", "hijo de legítimo
matrimonio" y descendiente de "viejos cristianos".
Uno de los casos conocidos entre 1788 y1809, fue la petición
que hace ante el Rey, Juan Gabriel Landaeta, pardo libre de Caracas,
solicitando se dispensara a sus hijos y nietos la calidad de pardo
para poder contraer matrimonio con personas blancas, cursar estudios
universitarios y entrar a las sagradas órdenes. Los miembros
del cabildo caraqueño, ante esta solicitud, enviaron a
su Majestad una petición para impedir que la de Landaeta
fuera aceptada. (3)
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En 1787 las actas del
claustro registran la situación deplorable en que se encontraba
la Universidad, la cual no disponía de fondos para comprar
libros que le garantizaran impartir la enseñanza. La Real
y Pontificia Universidad de Caracas, no contaba con rentas para
pagar salarios y dotar a las cátedras existentes. En 1790
el Dr. Juan Agustín de la Torre, asesor del Real Consulado,
consiguió fondos para cubrir los diferentes gastos de la
universidad e igualmente el señor Conde de Tovar ofreció
una carga de añil flor para los mismos fines. (4)
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